Ren Kaidou
20 Años
""I'm scared of nice people. That's why, of all the people I met, Haru is definitely, definitely, the scariest"

Awaken

justharu:

Simplemente adoraba cada palabra que salía por los labios de Ren. Quizás, para él, tan sólo era un discurso sin mayor contenido pero para Haru ¡Oh, como cambiaban las cosas! Todo adquiría un nuevo significado. La palabra “natural” se acabada de prescribirse con adoración, ternura y deseos tan impuros que no debían ver la luz. Con aquella naturalidad que existía había tocado a su amor, besado y pensado quien sabe qué. Si hubiera expulsado  todo pensamiento de su mente, definitivamente quedaría como un total depravado. Observó con entretención la pequeña escena posesiva, sintiéndose completamente alagado por algo tan absurdo como aquello, frenándose una vez más para no lanzarse sobre él mientras estaba en la calma, aunque esta vez tuvo una gran ayuda. El comentario le hizo dudar ¿Por qué en ese preciso instante? No supo si agradecer o mandar todo al diablo. Podía hacer ambas. — La tienda tiene una nueva sucursal y eso me mantuvo ocupado, tú entiendes. — Si bien mintió, o al menos sobre la mayoría, a nadie le dolía más que a él mismo. Miró al suelo por menos de un segundo, evitando que su rostro lo delatara y, sin quererlo, estuvo a punto de confesarlo todo. Skay se acercó en busca de afecto, a lo que Haru respondió instantáneamente, sentándose en el suelo para acariciar las orejas del animal. — Ren, no te duermas, aun tenemos que desayunar y quizás vengan visitas — Comento un poco desanimado, porque sus visitas tardaban una eternidad en marchase y no siempre lo hacía, aprovechando los sillones, cuartos y hasta el baño si era posible. Tan sólo rezaba para que sus bocas sueltas no soltaran más mierda de lo debido. Estaba pensando demasiado en ello, su culpa daba estocada tras estocada tras cada mirada. — Te amo — Dijo en un susurro, y sonrió. 

Ladeó su cabeza hacia la dirección de Haru, al escucharlo hablar. Pero algo no le encajó del todo en los vocablos. Su hermano mayor no era de los que hiciera algunas cosas por decisión propias, en realidad, tenían que arrastrarlo para que haga sus labores. Y a pesar de todo eso, siempre encontraba tiempo para cosas ajenas. Así que se le hizo raro, muy raro eso de que estuvo ocupado. Dió un suspiro, se había equivocado, la mayoría de las cosas habían cambiado demasiado, no quería admitirlo. Pero estaba casi frente a sus ojos todas las verdades. Sin querer, por andar pensando en otra cosa, el Te Amo lo tomó desprevenido. Hablando en un susurro, casi como si solo hubiera movido los labios—. Yo también —Hizo signos de levantarse, pero no quería lo de las visitas, quería pasar más tiempo junto al mayor un rato, así que se tiró un segundo después en la cama. Claramente no quería despegarse del cómodo lugar—. Haru, ayúdame. —Ladeó de nuevo su rostro y estiró sus brazos hacia el contrario. Actuaba como ese niño que nunca fue en Canadá. Pero la razón era más extraña en realidad, no quería que otros aromas estén impregnadas a la piel de Haru, aquellas ajenas y desconocidas en su ausencia. Ahora que había vuelto, quería recuperar el territorio que había perdido. Esa era la razón detrás de todas sus acciones, hasta de la más insignificante.

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Deseaba mas, no podía conformarse sólo con un beso y allí estaba Ren, provocándolo, haciéndole sentir un quinceañero a sus veinte tantos años. Chaqueó su lengua, observando de soslayo a sus otros hermanos, los cuales entraron a la habitación de Haru con perro incluido. Dio un paso hacia adelante, pero retrocedió enseguida y abrazó a su no-tan-pequeño amor. Su aroma, su cabello, sus labios, todos eran para él. Quería preguntar sobre lo que había vivido hasta entonces, pero dudo demasiado ¿Y si no le agradaba lo que oiría? No era tan maduro para soportarlo, y lo que él mismo vivió no era digno de contar. No a su Ren, al menos. Ahogo las palabras, reprimió sus deseos, reduciendo el contacto en un mísero abrazo. Toda su fortaleza fue requerida para separase, tomar una maleta y empeñarse en subir las escaleras — No te puedo llevar en brazos, princesa — Guiñó con picardía. Lo que alguna vez había sido la pieza de Ren, ahora tan sólo consistía un mueble con alcohol y marcas de cigarrillos. Una vergüenza. Ni siquiera estaba la cama en su lugar, no obstante seguía siendo la habitación del menor, aunque siempre había sido un espacio inservible. — Deja tus maletas aquí, aunque estas obligado a dormir conmigo — No lo dejaría ir de nuevo, pasar por el mismo sufrimiento sería insoportable. Sus palabras sonaban serias, adquiriendo la madurez que jamás sintió, ni siquiera cuando lo vio partir. Sus dedos picaban, si lo tocaba en ese instante, posiblemente no lo soltaría hasta el día siguiente y sus hermanos debían estar ansiosos por pasar tiempo con Ren. Era amable, pero también egoísta y monopolizador. Ambas partes se mantenían en un interminable debate. Suspiró, seguidamente mordió su labio inferior.

Lo habían abrazado de repente, y trató de entender la razón de aquella acción que encontró fuera de lugar, pero se vio imposible con la siguiente frase ajena cuando Haru empezó a subir por las escaleras. No pudo evitar fruncir el ceño con enojo mientras tomaba las otras maletas restantes, que eran más ligeras que la que el mayor le quitó de sus manos—. No soy ninguna princesa. —Y con ese comentario fue que empezó a subir las escaleras para llegar a lo que antes había sido su habitación. Le dio una examinada a ese espacio que usaba pocas veces pero que aun así era suyo, vio todo pero lo ignoró, como si no hubiera visto lo obvio. Dejó las maletas apiladas a una de las paredes —. No es una obligación ni nada parecido. —Había captado la seriedad de Haru, como nunca. Pero había algo mal en esa frase y no se molestaría en decirlo—. Ya es natural entre nosotros. —Dictaminó observando con atención los rasgos ajenos y viendo que el otro había mordido su labio inferior, arqueó una de sus cejas de curiosidad por lo que había pensado y logrado esa acción. Un ladrido se escuchó de forma sorpresiva, debía ser Skay—. Vamos donde están los demás. —Tomó la mano del mayor y lo arrastró hacia donde había escuchado el ruido anterior, terminando así en la habitación del mayor, percatándose que su perro estaba descansando en la cama, lo gracioso es que estaba en el lado que Ren usaba antes. El menor soltó a Haru para caminar hacia la posición de su mascota, hablando con un cierto toque de posesión que no pudo evitar—. Skay, salte. Estás en mi lugar —Cuando el animal se corrió un poco, se tiró boca arriba a su lado viendo el techo como si fuera lo más divertido, sintiendo la suavidad y comodidad del colchón en su espalda—. No ha cambiado mucho, creo. —Refiriéndose a la habitación, aunque era notorio que dentro de su ausencia algo cambió.

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Sólo cuando escuchó la respuesta de Ren pudo respirar tranquilo. Era él, y no había cambiado demasiado, pues aquella respuesta fría y cortante era algo característico en su persona. Lo adoraba así tal cual. No dejaba de sonreír ¿Era posible ser mas feliz? Sí, pero no se daba el derecho a soñar. Todo se vino abajo, literalmente, cuando vio a un animal enorme entrar a la casa, como si fuera un habitante constante en esos territorios. El animal lamió sus manos y, sin ejercer esfuerzo, se abalanzó contra Haru hasta tirarlo al suelo — Creo que Raccon se pondrá celoso — Dijo refiriéndose al pomerania que aún conservaban cerca de ellos. Aki y Shima llamaron a Skay con un silbido. No comprendió como habían dejado pasar a tal animal, pero lo dejó ir, porque no era su principal interés. Se levantó del piso y limpio un poco su pijama, ahora cubierto de pelo, arrugado y con olor a perro. Un buen comienzo para navidad  — Bienvenido a casa — Comentó mientras se acercaba a Ren, observándolo; analizándolo. Le tomó de la barbilla para verle a los ojos, ahora aquella acción era mucho más simple, y eso le entristeció ¿Cuántas cosas se había perdido en dos años? Suspiró. Tantos pensamientos en su cabeza le volverían loco, entonces decidió silenciarlos con un beso, el mas anhelado y prolongado de todos — Y feliz cumpleaños.

Ahora que veía a Haru con detenimiento, le daba la impresión de que no hubiera cambiado mucho. Le molestó, le molestó darse cuenta de que no era su Haru, quería tener ese sentido de pertenencia, que supieran que era de él. Tanta amabilidad ajena siempre lograba que viviera rodeado de personas. ¿Inseguridad? A regañadientes tenía que decir que sí. Pero cualquier pensamiento se vio interrumpido cuando le tomaron la barbilla, iba a ponerse a despotricar, pero se detuvo por ese beso, dos años de espera. No sabía como reaccionar, Haru siempre se le adelantaba, y lo único que hizo, de forma inconsciente, después de separarse, fue lamerse los labios. Provocando—. Gracias. —Por el saludo, por la felicitación, por estar ahí. Le olió el pijama, acortando más distancias—. Deberías bañarte, Haru. —Dictaminó luego de unos segundos, se alejó y tomó sus maletas, con clara intención de subirlas al segundo piso—. Por cierto, espero que no hayan usado mi cuarto. Aunque no me importaría compartir cama contigo, de nuevo. —¿Lo hacía a próposito? Podía ser.

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Mientras corría, sólo podía imaginar dolor y sufrimiento, como cuando despertó y vio a sus hermanos llorando por la muerte de ambos progenitores. Aquel suceso seguía grabado en su memoria, también suponía que jamás se iría, quedándose con él hasta la hora de su muerte. No demoró demasiado y, al llegar a la sala, vio lo que él denominaría como una alucinaron. Era Ren, claro que sí, pero mucho más grande de lo que recordaba. Obviamente había crecido en su ausencia, al igual que él, pero en el fondo esperaba que fuera el mismo muchacho del que se enamoró hace seis o más años. Se tuvo que afirmar del barandal para no caer, pues sus piernas flaquearon por un momento, y bajo las escaleras con lentitud. Aki y Shima se encontraban arriba, un poco incómodos al no querer interrumpir el reencuentro de ambos hermanos — ¿Cuándo?… ¿Por qué no avistaste que volverías? — Arrastró las palabras, sintiendo su garganta repentinamente reseca. Necesitaba agua con urgencia, no obstante era incapaz de dejar de hablar  — Pensé que no te volvería a ver … — Dijo finalmente, sonriendo con nostalgia. 

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El viaje de Suiza a Japón había sido agotador. Agotador en muchos sentidos, tanto físico como mental, pero no era comparación con su hogar. Porque la presencia de Haru podía ser más agotador que cualquier cosa. Pero era algo a lo cual le haría frente, porque para eso había regresado. ¿Haru lo vería ahora como un adulto? Pensaba en eso mientras depositaba sus maletas en el recibidor, la cara de Aki y Shima cuando lo vieron fue tan indescriptible, pero lo dejó así, estaba seguro de que llamarían a Haru, y en efecto, en pocos minutos estaba allí, frente a él. La voz de Haru resonó en sus oídos. Y quizó responderle con la verdad, pero en vez de eso—: ¿Tengo que avisarte? Ya no soy ni un niño ni adolescente. —Le había recriminado. Lo miró fijamente, como hace tiempo, cuando recién se habían conocido—. No veía problema en pasar mi cumpleaños acá, con ustedes, contigo. —Finalizó, estaba a punto de acortar distancias, pero se vio interrumpido por unos ruidos de arañazo a la puerta, infiriendo de quien se trataba, abrió—. Skay, fuiste muy lento. —Cerró después de que su perro se fuera corriendo donde Haru, y los quedó mirando seriamente. Parecía que ya había sido cambiado.

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